jueves, 2 de octubre de 2008

R.E.M EN MADRID.


REM, demostró anoche ser un veterano grupo, en baja forma, pero que debe figurar con letras de oro en la historia del rock, del ROCK en mayúsculas. 

El concierto que anoche ofrecieron en la madrileña plaza de toros de Las Ventas fue un ejemplo de la veteranía que el grupo se gasta después de 20 años sobre los escenarios de todo el mundo.

Michael Stipe y su banda interpretaron en el coso un repaso por una gran parte de su discografía, con temas de su último disco Accelerate, pero no faltaron los míticos y famosísimos temas como Losing My Religion o Man In The Moon. De hecho después de dos horas de concierto, que empezó con algo de retraso, la banda americana decidió apostar por un final apoteósico con sus temas más emblemáticos, puesto que el inicio del concierto fue de lo más decepcionante.

Un líder magnético en la figura de Michael Stipe comenzaba un concierto  a bocajarro, sin preámbulos, directamente y de manera muy poco espectacular, daba la impresión de estar viendo a los teloneros, más que a las estrellas. Algo no funcionaba bien y eso el público lo notó, que durante la primera parte del concierto estuvo más bien callado y muy poco animado. La destreza con la que los veteranos interpretaban sus temas era evidente, pero no convencía al público, que esperó respetuosamente a que los estadounidenses reaccionaran he hicieran templar la plaza como lo hicieron en Murcia, su anterior concierto en tierras españolas.

El público, numeroso pero sin llenar las gradas de Las Ventas, acogió con frialdad los primeros compases del espectáculo, donde predominaron temas de su último álbum, Accelerate, quizás lo menos conocido de la banda, ya que le media de edad del público asistente rozaba los cuarenta. La interpretación de clásicos como What's the Frequency, Kenneth? o Drive no lograba maquillar unos inicios titubeantes, en los que la propia banda parecía desconcertada por no hallar la tecla que desinhibiese a la audiencia. En la grada nadie se levantaba de sus asientos y los aplausos, poco convincentes, eran pura cortesía mecánica. Stipe confesó que había pedido asesoramiento a... ¡Miguel Bosé! (que andaba muy cerca de este servidor) para perfeccionar la velada, pero los consejos no daban el resultado esperado.

Lo cierto es que la técnica tampoco se apiadó del inicio del concierto, puesto que las pequeñas pantallas de led´s que detrás de la banda proyectaban psicodélias y cortes de sus videosclips, se estropearon nada más empezar y claro... hubo que arreglarlas como se pudo. Lo cierto es que el realizador después se afanó tanto que las proyecciones se volvieron un tanto espectaculares.

Ataviado con traje y corbata, prescindiendo de la habitual pintura a modo de antifaz en su rostro, mucha gente en el público se pintó la semejante horterada, Stipe parecía quedarse sin voz, ya que ésta no evocaba ese misticismo onírico que caracteriza al cantante, lo que produjo un concierto soso y somnoliento. Se notaba que están mayores, tanto Stipe, como Peter Buck el guitarrista de melena al viento y el bajista Mike Mills, que parecía sacado directamente de un geriátrico.

Losing My Religion (Ann te llamé pero ni puto caso), el público recuperó la fe y fue el detonante del calor y del subidón del público y en ese momento fue cuando los chicos de Georgia cogieron el toro por los cuernos. Pasada cerca de una hora desde el inicio, los aplausos ganaban en sinceridad y decibelios, pues la banda dejaba pinceladas como Strange Currencies, The Great Beyond y especialmente  The One I Love 

A partir de ahí la emoción creció de manera constante, a medida que se sucedían temas como Bad Day, Imitation Of Life, Orange Crush y así temazo tras temazo. El público entró en una especie de trance y alcanzó el éxtasis con Losing My Religion, sin lugar a dudas el momentazo de la noche. 

Cuando todo parecía que iba a terminar, en las pantallas y de manera manuscrita, Stipe escribía en español, ¿QUEREIS MÁS? APLAUDID A REM.... La gente rompió en aplausos, vítores y ánimos y la banda volvía al escenario entre cánticos de "torero, torero" para poner el broche dorado a la velada. Un epílogo que se inició con la trepidante It´s The End Of The World As We Know It. Man On The Moon, la canción de R.E.M. por excelencia, estaba destinada a ser la auténtica catarsis, pero el clímax se prolongó con un inesperado homenaje a Iggy Pop (el maestro).

Telonados por los chicos de We Are Scientists, Stipe y los suyos se atrevieron para deleite de la audiencia con I Wanna Be Your Dog. Versionando el clásico de La Iguana, se despidieron de Madrid, dejando a sus espaldas ese halo de grandeza que sólo irradian las genuinas estrellas.

Rober Bodegas y Ángel Martín hicieron que me distrajera del concierto en algún momento así que le he pedido una ayuda desinteresada a Fran Casillas del El Mundo, para escribir mi entrada de hoy.

Un saludo y mi agradecimiento por la invitación a mi amiguete Javi. No todos los días puede uno presumir de ir invitado a un concierto de R.E.M, por la mismísima Mtv y de que le crucen a uno Madrid montado en moto, que qué miedo!!

A más ver

Joserra.

2 comentarios:

el loco dijo...

Ta`bueno...
me quedo claro que te gusta REM.

Anónimo dijo...

I wish not acquiesce in on it. I regard as warm-hearted post. Specially the title attracted me to read the unscathed story.